Pasado el 8 de Marzo ya, vistas las repercusiones del mismo, pienso que no han pasado del ámbito de las personas ya concienciadas. Somos las mismas y los mismos hablando de feminismo y de igualdad. Parece que no hubiérmamos avanzado apenas nada.
Los discursos son los mismos. Estamos quienes pedimos igualdad, que se hable de la precariedad del empleo femenino, de los cuidados asumidos por las mujeres, de la dificultad de la conciliación sobre todo para nosotras, de acabar con la violencia machista, de los machismos cotidianos, de la ausencia de nosotras en la historia, del casi inexistente reconocimiento de nuestras aportaciones a la ciencia…
Ese día, mi hija volvió de clase indignada porque un profesor al entrar en clase les preguntó si sabían el día que era. Asistió con estupefacción al discurso de su profesor de plástica hablando sobre lo innecesario de un día para la «mujer trabajadora» (encima!!!), que ya estaba ahí el primero de mayo, y qué es eso de hablar tanto de -as y -os. Que la palabra astronauta está ahí y nadie la va a cambiar por astronauto, pues lo mismo con la de diputados… que a ver qué decían en casa luego cuando lo contaran, que él ayudaba en casa a su mujer… Además se vino con un negativo en francés (han de hablar todo el tiempo en este idioma) al ser incapaz de mantener el discurso sobre lo que era el feminismo ante un compañero y la propia profesora, que le dijeron que el feminismo no busca la igualdad entre mujeres y hombres… 2016. Ella con 13 años, futura mujer del siglo XXI, se sigue enfrentando a las mismas cuestiones y ya está sintiendo el olvido y la ignorancia. Leer más









